Páginas vistas en total

domingo, 18 de diciembre de 2011

como elegir un portabebé

Artículo tomado de la web de Red Canguro, un lugar muy recomendable donde encontrar todo tipo de información sobre portabebés y porteo, así como conectar con toda una extensa red de familias que crian en brazos a sus hijos.

Texto original de Edurne Estévez Bernal, doula, ampliado por Red Canguro.
  • Criterios para elegir un buen portabebé
  • Mochila ergonómica
  •  Mei tai
  • Bandolera de anillas
  • Pouch
  • Fular
  • Diferencias principales entre estos portabebés y los convencionales ofrecidos por distintas marcas de puericultura

 
1. CRITERIOS PARA ELEGIR UN BUEN PORTABEBÉ

 A la hora de adquirir un nuevo portabebé, vigila que cumpla los siguientes puntos:
  • La posición del bebé es la correcta: piernas formando una M (en ranita, con las rodillas más altas que el culete) y espalda formando una C (ver más abajo).
  • Se puede ajustar al bebé de manera que quede bien pegado al cuerpo del portador (si te agachas, el bebé no se despega prácticamente de tu cuerpo).
  • El bebé queda suficientemente alto (puedes darle un besito sin prácticamente agacharte) de manera que el peso se reparte bien sobre tus caderas y no cargas las lumbares.
  • Las tiras de los hombros son anchas para que el peso se reparta bien.  
  • Las tiras de los hombros no se quedan cerca del cuello, sino que pueden colocarse encima de los hombros o entre el cuello y el hombro para que no se cargue la zona del cuello.
Existen diferentes tipos y modelos de portabebés en el mercado que cumplen estos criterios. A continuación haremos una breve descripción de los más utilizados.

 
2. MOCHILA “ERGONÓMICA”

 
Mochilas de este tipo, respetuosas tanto con la fisiología del bebé como del portador, son por ejemplo las mochilas Beco Carrier, Ergo, Manduca, Marsupi Plus, Patapum, o Yamo. Se trata de mochilas ergonómicas, que permiten transportar con comodidad al niño desde el nacimiento hasta los 15 kg de peso, y muchas de ellas incluso más. Además de para el uso en paseos, tareas en casa, etc., pueden utilizarse en salidas al monte, excursiones y demás, garantizando la correcta sujeción del bebé y el máximo confort, tanto para él como para el portador, repartiendo el peso del bebé entre hombros y caderas de la persona que lo lleva. Algunas permiten las posiciones delante, a la espalda y a la cadera.

 
Ventajas:

  • Dentro de los portabebés tipo mochila, son las que pueden usarse durante más tiempo, desde el nacimiento hasta alrededor de los 20 kg.
  • Muy cómodas y fáciles de colocar, suelen llevar bolsillo incorporado, así como una capucha para sostener la cabecita del niño si se duerme.
  • El niño va colocado en la posición fisiológica, sentado y no colgado, con el peso de su cuerpo sobre sus nalgas,en vez de sobre sus genitales (como ocurre en el caso de otras mochilas más “comerciales”, como BabyBjörn, Bebé Confort, Jané, Graco…).
  • Para cuando los niños comienzan a andar y requieren estar subiendo y bajando del portabebé repetidamente, son muy cómodas de llevar.
  • También son muy aconsejables para la montaña, ya que a diferencia de las mochilas de montaña convencionales, son mucho más ligeras y garantizan la posición adecuada del niño, así como la comodidad y ergonomía para el portador.
  • Son los portabebés mejor aceptados por los padres, al considerarlos “más masculinos”.

 Inconvenientes:

  • No es el portabebé más barato, pero dado lo extensivo de su uso, podemos decir que el precio se ve sobradamente amortizado.
  • Para bebés muy pequeños o recién nacidos, es recomendable usar un reductor (incorporado en el caso de la Manduca) o un cojín o mantita doblada, aunque la postura óptima será a partir de los 5-6 meses, cuando se lleve con las piernitas por fuera de la mochila. También existen otras, como la Marsupi Plus, en las que la zona sobre la que va sentado el bebé puede reducirse y puede usarse con recién nacidos, ya que no exige entonces una apertura de piernas excesiva para sus pequeños cuerpecitos.
  • Asímismo, es un portabebé que ocupa bastante espacio mientras no se utiliza, comparándolo con otros. 

3. MEI TAI

 

Se trata de un portabebé de origen oriental. Es similar a una mochila, pero su ajuste se realiza mediante nudos sencillos. Se trata de un rectángulo de tela con cuatro tirantes, dos de ellos para anudar a la cintura y dos más para sujetar la parte superior. Dichos tirantes pueden ir acolchados, así como la parte superior de la tela, donde el niño apoya la cabecita. Puede usarse desde el nacimiento hasta aproximadamente los 3 años de edad. Permite posición delante, a la espalda y a la cadera, con diferentes variaciones. El peso se reparte entre las caderas y hombros del portador.

 
Ventajas:

  • Al estar el peso bien repartido, permite usarlo durante trayectos largos.
  • Existen modelos ya confeccionados, como los de la marca EllaRoo, Kozy Carrier, etc, con diversos estampados, y otros que incluso pueden confeccionarse bajo pedido de manera personalizada.
  • Puede usarse desde el nacimiento hasta con niños mayorcitos, aunque la edad ideal para comenzar a usarlo con el bebé es a partir de los 5-6 meses, cuando pueden llevar sus piernas por fuera del meitai sin que el ángulo de apertura sea excesivo.
  • Existen también Mei Tais como los Chinado, que permiten reducir la zona sobre la que va el bebé apoyado, de manera que pueden usarse desde el nacimiento respetando la posición fisiológica correcta, sin tener que recurrir a llevarles con las piernas por dentro.
  • En general, es posible que haya padres que acepten mejor estos portabebés tipo “mochila” antes que las piezas de tela, aunque por supuesto hay de todo.

 Inconvenientes:

  • El tema de los nudos, aunque sencillos, puede restarle atractivo. Hay personas que prefieren otros sistemas de ajuste.
  • También hay personas que se sienten inseguras al colocar al recién nacido y desisten hasta que éste crece.
  • El recién nacido deberá llevar sus piernas por dentro de la tela (en M) y proporcionarle una sujeción extra a su cabecita. Esta no es la postura óptima para llevar a un recién nacido, aunque deberemos decir que, fisiológica y afectivamente, siempre será más beneficioso llevar a un recién nacido en un Mei Tai convencional que en un carrito, completamente estirado.

 4. BANDOLERA DE ANILLAS

 

Se trata de una tela larga que lleva unidos sus extremos mediante unas anillas, permitiendo ajustar la medida a las necesidades de cada momento. El peso se reparte por la espalda y un sólo hombro. Existen bandoleras de diferentes tejidos y modelos (gruesos, ligeros, para baño…) Puede utilizarse en diversas posiciones, al frente erguido o tumbado, a la cadera, a la espalda… desde el nacimiento hasta que el niño es ya mayorcito.

 

 Ventajas: 

  • Gracias al sistema de anillas podemos ajustarla a las diferentes medidas necesarias. Por ejemplo, cuando la usa más de un portador o dependiendo del peso y tamaño del bebé o del grosor de las prendas que vista quien la lleve.
  • Es muy sencilla de utilizar e ideal para favorecer la lactancia de una manera cómoda y discreta.
  • Es de uso muy sencillo también para recién nacidos, en posición tumbada (que, aunque no es la óptima para transportar a un recién nacido, puede ser muy interesante para favorecer la lactancia). Permite también llevarle en posición erguida sobre el pecho del portador.
  • Permite ajustar la tela perfectamente alrededor del cuerpo de bebé y portador, de manera que el peso se reparta uniformemente y el niño quede correctamente sujeto.

 Inconvenientes:

  • Debido a que el peso recae en su mayor parte sobre un sólo hombro, es necesario ajustar la tela cuidadosamente para asegurar la máxima comodidad al portador.
  • Asímismo, si se comienza a usar con niños ya mayorcitos, podemos notar algo de incomodidad muscular o cansancio los primeros días, por la falta de costumbre (cosa que no ocurre cuando le hemos llevado desde pequeños).
  • Es necesario practicar un poco para aprender a ajustar las anillas.

5. POUCH

 
Es muy similar a la bandolera, con la diferencia de que no lleva anillas, es sencillamente una tela cosida en forma de tubo que se ajusta a la posición deseada. Por ello es necesario seleccionar la talla correcta para el portador. Permite las mismas posiciones que la bandolera, pudiéndose usar también desde el nacimiento.

 

Ventajas:

  • Ocupa poquísimo espacio, es ideal, por ejemplo, para llevar en el bolso.Es el portabebé más rápido de poner y quitar.
  • Hay una gran variedad de estampados.
  • Puede ser muy adecuado para trayectos cortos, o para cuando el niño nos pide brazos pero enseguida quiere volver al suelo.
  • Muy sencillo de utilizar.

 Inconvenientes:

  • Debido al tallaje, puede ser necesario tener dos pouches diferentes en caso de que padre y madre (u otras personas que quieran llevar al bebé) usen distinta talla.
  • Si nos queda demasiado grande, el bebé irá menos sujeto y más abajo, y, por el contrario, si nos queda más pequeño, el niño irá más arriba y puede ser que cuando crezca no sea sencillo colocarle en el pouch. Las peculiaridades de este portabebé hacen que no sea posible ajustar la tela. Para procurar que el cuerpo del niño quede adecuadamente pegado al del portador. En esos casos deberemos ajustar la tela usando los extremos del hombro de carga, volteando la tela de dentro hacia afuera. Deberemos también ser siempre cuidadosos con la cabeza del bebé, evitando movimientos bruscos, hasta que sea capaz de mantenerla perfectamente (al menos hasta los 6 meses), aunque cuando van en posición fetal en el pouch, la cabeza está bastante apoyada, pues queda medio tumbada en la diagonal.Otro truquillo para disminuir el tamaño del pouch (o ajustar más), es poner la costura (la parte redondeada) en nuestra espalda, en vez de en la zona donde el bebé apoya sus nalgas.
Recuerda: Un bebe más grande es mas fácil de colocar en un pouch que uno pequeño. De hecho, ocupa menos espacio, esto significa que, a menudo, un pouch muy justo cuando son muy pequeños los niños, después queda bien (a partir de los 3 meses (+-)), pues la posición cambia y el bebé ocupa menos espacio dentro del pouch.

 
6. FULAR

 

Se trata de una larga pieza de tela que sirve para ajustar al bebé a la posición deseada mediante nudos (posiciones de atado). Encontramos diferentes calidades y tipos de tela (fina, gruesa, elástica…) La tela adecuada en fulares no elásticos es aquella que cede solamente en sentido diagonal, sin ceder de manera transversal o vertical. El peso recae en diferentes zonas del cuerpo del portador, dependiendo de la posición elegida. Es el portabebé más versátil debido al gran número de posiciones que permite, y el más adecuado fisiológicamente hablando. Existen diferentes medidas de tela, dependiendo de las posiciones que se deseen utilizar. Con un fular largo pueden realizarse todos los nudos, pasando a un fular corto en caso de que se adapte a nuestros nudos preferidos, para evitar un exceso de tela que puede resultar aparatoso.

 

Ventajas:

  • Como ya hemos señalado, es el portabebés más versátil, permite infinidad de posiciones que pueden adaptarse tanto a la situación como al crecimiento del bebé.
  • La sujeción es óptima con un poco de práctica.
  • El cuerpo del bebé va perfectamente pegado al del portador, garantizando una correcta sujeción.
  • Existen diferentes medidas y calidades de tela, lo que permite adaptarse a las necesidades personales de cada familia.
  • Igualmente, con sólo añadir unas anillas, que se pueden adquirir separadamente, podemos, de manera muy sencilla, realizar una bandolera “de quita y pon”, con lo que variar también la forma de carga.

 Inconvenientes:

  • Es necesario practicar las diferentes posiciones para adquirir soltura.
  • El hecho de que sea una tela de gran longitud, así como el tema del anudado, puede hacer que no resulte atractivo para algunas personas, que prefieran otros medios de ajuste.
  • Los fulares elásticos no están recomendados para bebés y niños de un cierto peso, prefiriéndose en ese caso los no elásticos, aunque pueden ser realmente confortables también.

7. DIFERENCIAS PRINCIPALES ENTRE ESTOS PORTABEBÉS Y LOS CONVENCIONALES OFRECIDOS POR DIVERSAS MARCAS DE PUERICULTURA

Actualmente muchas conocidas marcas de puericultura ofrecen al público portabebés, como mochilas “de nueva generación”. Las principales diferencias entre éstos y los explicados anteriormente son las posturas adoptadas por el bebé o niño en ellos. Si nos fijamos en un bebé que vaya en alguna mochila comercial, podremos constatar que la postura de la cadera no es correcta. Habitualmente observamos que las piernas del niño van estiradas con respecto al resto del cuerpo, no dobladas estilo “ranita” (postura que favorece el desarrollo de la articulación de las caderas). Al llevar las piernitas estiradas, el peso del bebé recae sobre la zona genital en vez de sobre su culito, y la espalda adquiere una postura no fisiológica.

La postura “en ranita” consiste en llevar al bebé o niño con las piernas abiertas alrededor de 45º con respecto al eje corporal (90º de apertura total entre las piernas), y las caderas flexionadas de manera que las rodillas queden a una altura ligeramente superior que las nalgas. Esto garantiza que la cabeza del fémur quede perfectamente encajada dentro del acetábulo de la cadera y es la posición fisiológica, la postura óptima de porteo, que previene problemas posteriores de esta articulación. Esta técnica de porteo incluso ayuda a solucionar los casos de displasia leves.

Existen también bandoleras “de nueva generación” que podemos encontrar fácilmente en el mercado, en los que se puede colocar al bebé en posición cuna o sentadito, como en una bandolera de anillas o un pouch. En estas bandoleras, aunque la posición correcta del bebé se puede conseguir, el ajuste no es del todo correcto y el bebé puede quedar demasiado bajo, aparte de resultar más incómodas para el porteador.

Además de esto, en las fotografías promocionales de este tipo de mochilas más comerciales suele aparecer el niño mirando hacia delante. Esta postura está totalmente contraindicada. Los motivos son que obliga a curvar la espalda del bebé en sentido contrario al fisiológico y que lo deja expuesto a infinidad de estímulos directos, sin posibilidad de refugio, ya que no puede girarse. Además ocasiona incomodidad para el portador, ya que el bebé tiende por la forma de su columna a separar su cuerpo de quien lo lleva lo que desplaza el eje de gravedad de este último, obligándole a modificar su postura correcta con las consiguientes molestias de hombros y espalda y sobrecarga del suelo pélvico.

Las únicas “ventajas” que encontramos a este tipo de portabebés más convencionales es la facilidad para encontrarlos en cualquier tienda de puericultura. Las casas dedicadas a los productos para niños han buscado responder a una demanda de mercado, pero en nuestra opinión sin centrarse mucho en los aspectos más importantes (ergonomía para el bebé y quien lo lleva). Por otro lado, estas mochilas y bandoleras generalmente pueden ser usadas poco tiempo, ya que enseguida se hacen incómodas para el portador. En resumen, podría decirse que, a pesar de presentar modernos y atractivos diseños, aún les faltan muchos aspectos por mejorar, que los portabebés tradicionales ya traían “de serie”.


posición correcta en un portabebésPosición correcta en un portabebés: curva de la espalda en "C", piernas en "M", rodillas más altas que el culete

 

 
 
bebé mirando hacia adelante, piernas colgando forzando las caderas, espalda recta, bebé demasiado bajoPosición incorrecta en un portabebés: bebé mirando hacia adelante, piernas colgando forzando las caderas, espalda recta, bebé demasiado bajo

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 Acerca de Red Canguro:
 
La Red Canguro, Asociación Española por el Fomento del Uso de Portabebés, es una asociación sin ánimo de lucro que se estableció en noviembre de 2008 con los fines de fomentar el uso de portabebés entre madres y padres y cualquier persona interesada, difundir información relacionada, servir de contacto y apoyo a personas que deseen iniciarse en el mundo de los portabebés, alentar el encuentro e intercambio de información y experiencias entre personas usuarias de los mismos, aumentar el nivel de conocimientos sobre el porteo de bebés en castellano y fomentar y difundir la crianza con apego. Para más información sobre estos temas, visita: http://www.redcanguro.org

 

sábado, 3 de diciembre de 2011

cuando papá y mamá no están de acuerdo en la crianza



entrevista al psicólogo Ramón Soler de Mente Libre
tomada del blog Nace una mamá

Hace tiempo que recibo consultas de lectoras que quieren criar a sus hijos con apego, pero se encuentran con la falta de comprensión de sus parejas, que se inclinan hacia un tipo de crianza más tradicional. El problema es tan común que desde hace tiempo he querido abordarlo, pero no se me ocurría cómo. Por eso decidí entrevistar de nuevo al psicólogo Ramón Soler Romero, que en otra ocasión nos habló de las rabietas y cómo manejarlas. Ramón es especialista en psicología infantil y perinatal y también en autismo e hipnosis clínica, además de experto en Terapia Regresiva Reconstructiva. Junto con su compañera la escritora Elena Mayorga, escribe y dirige la conocida revista Mente Libre. Nadie mejor que Ramón para analizar la raíz de este problema y sus posibles soluciones.

¿Qué cambios supone para una pareja la llegada de un bebé?

Tener un hijo es una experiencia única y enriquecedora en todos los sentidos, pero lo que pocas veces se nos dice es que supone un cambio radical en nuestras vidas y que requiere un profundo trabajo de desprendimiento de nuestro ego. Aunque la llegada de un bebé influye de manera muy diferente en cada pareja, considero necesario explicar brevemente el proceso que he presenciado muchas veces cuando esto ha supuesto un conflicto de pareja.

En la mujer, esa liberación del ego tiene lugar en el enamoramiento que vive tras un parto natural, sin intervenciones, gracias a la inundación de hormonas del amor (como diría Michel Odent). Posteriormente, la lactancia materna ayuda a consolidar la conexión con el bebé y fortalece ese amor que va más allá de lo racional. También es cierto que un parto complicado se puede compensar con lactancia, colecho, apego, etc. Los hombres no vivimos la experiencia del parto y no tenemos ese enamoramiento animal que vive la mujer, pero esto no significa que no queramos a nuestros hijos. Nosotros podemos enamorarnos del bebé compartiendo los momentos especiales de esos primeros días, llevándolo en brazos cuando la madre lo
precise, colechando, prodigando mimos y abrazos, etc. pero este proceso requiere una presencia y atención que no todos los padres están dispuestos a prestar. A la madre le resulta más fluido que al padre ese proceso de desprendimiento del propio ego para poder atender plenamente a las necesidades del bebé . Por eso, cuando hay diferencias de criterio en la educación de los hijos, suele ser la madre la que siente necesaria una crianza respetuosa y apegada, mientras que es el padre quien quiere imponer las reglas y los castigos.

Suele ser habitual que, si no se ha hecho una limpieza emocional, que madres y padres sigamos muy afectados por nuestra parte de niño/a que no obtuvo el cariño y la atención que necesitaba en la infancia. Mientras la pareja está sola, no suele haber problemas porque nuestro “niño interior” que continúa necesitando y reclamando atención está satisfecho con la exclusiva relación con la otra persona.

El problema puede aparecer en los padres cuando el bebé reclama toda la atención de la madre y ellos sienten el mismo abandono emocional y el desamparo que sintieron cuando eran pequeños. Si, siendo adultos, no han podido trabajar su historia para ayudar a su “niño” a cubrir ese tremendo vacío que sintió en su infancia, el padre reclamará la misma atención que tenía antes de la llegada del bebé. Su comportamiento puede infantilizarse e, incluso, volverse agresivo.

Por otro lado, la madre tiene al bebé que le reclama toda su atención y es entonces cuando surge el conflicto. Ella no puede hacerse cargo, a la vez, de su bebé y, además, de la parte infantil no trabajada de su pareja. Esta situación puede suponer, incluso, la ruptura de la pareja.

Ahora entiendo por qué recibo muchas consultas de lectoras que están a favor de una crianza respetuosa y amorosa, pero sus parejas se inclinan hacia los métodos conductistas, los castigos y la “disciplina”. Entonces, ¿cómo pueden ellas manejar esta situación? Sabemos que la evidencia científica apoya la importancia del apego, pero no todo el mundo está dispuesto a leer e informarse…

En la pareja, cuando hay diferencias de criterio, es habitual que sea la madre, inmersa en las ambivalencias del puerperio, la que ceda a las presiones de su pareja. Ella, acorralada por el cansancio y las presiones exteriores, dejará de hacer caso a su intuición y, al final, terminará imponiéndose la crianza autoritaria. La madre renuncia a su instinto y terminan las discusiones. Al final, en apariencia, se salva el matrimonio, pero las consecuencias serán nefastas para ellos y para sus hijos.

Lo que pueden hacer las madres es conectar con su instinto, él les dirá lo que es bueno para su bebé. Deben confiar en sus intuiciones y mantenerse firmes frente a todos los comentarios en contra que recibirán. Toda la información actualizada que encuentren sobre la importancia del contacto físico, el colecho y la lactancia materna confirmará sus ideas. Deben buscar la manera de implicar a sus parejas en la tarea de la crianza de sus hijos. Si ellos no han leído los autores básicos que comentaba anteriormente, éste puede ser un buen momento.
Un padre interesado de verdad por el bienestar de sus hijos y por su salud emocional debería aprovechar las situaciones que le alteran (rabietas, llantos, etc.) para cuestionarse sobre su propia infancia. ¿Por qué le altera esa actitud de su hijo/a? ¿qué le hace sentir? ¿cómo le trataban sus padres en situaciones parecidas? ¿de qué le sirvieron los golpes y los castigos? Si hace esto con total sinceridad, le resultará mucho más fácil ponerse en el lugar de su hijo y saber lo que siente cuando le castiga o le pega.

Aunque el padre no pueda alcanzar el nivel de profundidad y de contacto con su inconsciente que consigue la madre en el puerperio, gracias a la lactancia materna, sí que puede darse cuenta de muchos de sus patrones automatizados desde la infancia para poder cambiarlos, por su bienestar emocional y el de sus hijos.

Es importante que el padre se implique en el cuidado y la educación de sus hijos. Debemos dejar atrás el viejo modelo de generaciones anteriores donde el padre llegaba a casa después de un día de trabajo, se tumbaba en su sillón e imponía los castigos según el reporte que le pasaba la madre. Las parejas más sanas y con hijos más equilibrados que he conocido han sido aquéllas en las que el padre y la madre seguían una misma filosofía de crianza, basada en el respeto y la atención a las necesidades de sus hijos. Por eso considero tan importante el trabajo de honestidad y sinceridad con uno mismo que supone mirar de frente a nuestra propia historia para poder romper de una vez la cadena de maltrato que se transmite de generación en generación.

Entonces, ¿qué ocurre cuando ambos padres tienen criterios distintos en relación con la crianza? ¿Cuáles son las consecuencias en la pareja y en el niño?

Para la pareja, esta discrepancia es, siempre, motivo de conflicto. Debemos entender que el bebé no tiene ninguna culpa de toda la situación que estoy comentando. La llegada de un hijo, lo que fomenta es que se pongan encima de la mesa cuestiones que la pareja no se había planteado anteriormente. De cómo lo afronte cada uno de los miembros dependerá que la pareja se refuerce y tenga una relación mucho más auténtica que antes o que no pueda superar sus problemas y termine por separarse.

Sobre las consecuencias para el niño, aunque cada familia es diferente, sí que puedo aventurar unas líneas generales de lo desestabilizador que resulta para los niños vivir con unos padres que tienen distintos modelos de crianza.

Por mucho que los padres lo intenten disimular, los niños perciben esas discrepancias entre ellos. Además, si estas diferencias son motivo de discusión, el niño se sentirá culpable e intentará adaptarse a las situaciones para contentarlos y que no se peleen.

Al final, el más perjudicado por toda esta situación es el niño, que no tiene ni voz ni voto y que termina sufriendo las consecuencias de los desacuerdos entre sus padres.

A menudo he oído decir que las parejas deberían ponerse de acuerdo sobre la crianza de los hijos antes de ser padres, pero en mi caso, no fue hasta que tuve a mi bebé que me di cuenta del tipo de madre que quería ser. Yo pensaba que lo más natural era que los bebés fueran a la guardería, que seguiría trabajando con el mismo ritmo y que mi vida no cambiaría demasiado. Entonces, ¿cómo podemos prepararnos para afrontar la crianza en pareja y las posibles diferencias que puedan surgir?


Efectivamente, antes de tener un hijo, la pareja debería plantearse unas cuestiones que considero muy importantes. Es desalentador ver cómo mucha gente le dedica más tiempo a investigar e informarse a la hora de ir a comprar un coche que prepararse para los cambios que causa la llegada de un bebé. Parece que, simplemente, hay que dejarse llevar y hacerle caso a los consejos que te den familiares y médicos. Y, sin embargo, afrontar la maternidad/paternidad sin haber hecho una profunda preparación previa es lo peor que podemos hacer por nuestros hijos.

Una cuestión que será determinante en el grado de conflicto que pueda aparecer posteriormente es la cohesión previa de la pareja y su estabilidad como tal. No será lo mismo una pareja que se ha conocido varios meses atrás y en los que se produce un embarazo por un fallo de las precauciones, que una pareja con diez años de sólida convivencia que decide conscientemente tener un hijo.

Otro aspecto determinante, muy relacionado con el anterior, es la motivación que tenga la pareja para tener un hijo. Una pareja estará más preparada para criar a su hijo con respeto y cariño si éste ha sido fruto de un deseo interno y propio de cada uno de los padres. Por otro lado, si las motivaciones han sido más superficiales, el interés por la crianza del niño estará en un segundo plano. Conozco a muchas parejas que tienen hijos por la presión social de que todos sus amigos ya los tienen o, como llegué a escuchar una vez, para compensar a sus padres por haberles pagado la boda.

Entonces, y volviendo a la pregunta, una correcta preparación para la crianza requiere un trabajo previo de maduración como pareja. Es básico el conocimiento mutuo, una comunicación abierta y sincera, y una estabilidad emocional antes de tener un hijo. Unido a esto, cuando la pareja se sienta preparada para tener un bebé, yo diría que es casi obligatorio, para ambos miembros de la pareja, leer a unos autores básicos sobre el tema de la crianza como Carlos González, Rosa Jové o Laura Gutman. Si a pesar de esto, algunos padres siguen convencidos del tipo de crianza restrictiva y autoritaria, les aconsejaría (aunque debería ser obligatorio) leer los libros de Alice Miller, empezando por ejemplo por “El drama del niño dotado” y continuando con “Por tu propio bien”; en ellos, Miller explica claramente el dramático efecto de una crianza basada en los castigos y en la disciplina dura.

En muchos casos, en este proceso de preparación consciente para tener un hijo, surgirán muchas dudas sobre la propia crianza que recibimos de nuestros padres e, incluso, sería muy recomendable embarcarse en un proceso terapéutico que ayude a entender y sanar los daños emocionales que todos hemos recibido (en mayor o menor grado) en nuestra infancia.

Como resumen, teniendo en cuenta todo lo anterior, se puede decir que la crianza de los hijos empieza mucho antes del embarazo.

¿Podemos utilizar esta diferencia de criterios como una oportunidad para que la pareja se re-encuentre y crezca?

El nacimiento del bebé, más que un distanciamiento, debe suponer una oportunidad de apertura y de acercamiento para la pareja. Es la ocasión de poner encima de la mesa los conflictos y las situaciones que no se habían trabajado antes. En muchas ocasiones, las parejas van sobrellevando la convivencia, pero no profundizan en las cuestiones incómodas que se les presentan. La llegada del bebé está llena de situaciones límite (noches en vela, cansancio, etc.) que pondrán a prueba la cohesión de la pareja; de cómo afronten estas situaciones dependerá que se separen o que la relación se vea más reforzada.

Si la pareja, tanto él como ella, sigue el proceso que he ido comentando anteriormente, podrán salir reforzados y disfrutarán plenamente de la experiencia de la maternidad/paternidad. Es un camino que ha de hacer cada uno consigo mismo, pero con el apoyo del otro. Para adentrarse en esta travesía es necesaria una actitud de apertura y disponibilidad para cuestionarse a uno mismo y poder cambiar aquellas reacciones nuestras que no nos gustan.

Soy consciente de que este trabajo no es fácil y de que muchas veces resulta más cómodo dejarse llevar, sin cuestionarse nada de la educación que recibimos en nuestra infancia, pero creo que es una obligación moral de cada padre/madre para con sus hijos. De esta manera podremos romper con la cadena de maltratos, abusos y castigos que arrastramos desde tiempos inmemoriales. Los beneficiados seremos nosotros, nuestra pareja y, evidentemente, nuestros hijos.